Anuario 2015

emilio gragliaEs el título del artículo de opinión sobre el actual escenario electoral, escrito por el docente universitario e integrante del Consejo Académico de ACEP, J. Emilio Graglia y publicado por el matutino HoyDíaCórdoba, en sus ediciones impresas y online.

17 de octubreEntre aquel 17 de octubre de 1945 y el venidero 25 de octubre, han pasado 70 años. Desde el nacimiento del peronismo como movimiento nacional y popular hasta las próximas elecciones presidenciales, han transcurrido siete décadas. Muchas cosas han acontecido: la primera presidencia de Juan Domingo Perón, los derechos sociales y la reforma electoral de 1949, el voto de las mujeres, la reelección, la mal llamada “revolución libertadora”, la proscripción, la vuelta al país, el encuentro con Ricardo Balbín, el tercer mandato constitucional, la muerte en 1974, la guerrilla y la triple A, el golpe militar del 24 de marzo de 1976 y el terrorismo de Estado. Muchas cosas pero una sigue igual. Para bien o para mal, la suerte del país depende del peronismo. 

El 25 de octubre, los argentinos votaremos al sexto Presidente de la Nación desde la recuperación de la democracia formal aquel 10 de diciembre de 1983. Primero elegimos a Raúl Ricardo Alfonsín, un memorable 30 de octubre, hace 32 años. Para muchos, el padre de la democracia argentina. Un radical que se hizo presidente recitando el Preámbulo de la Constitución Nacional, luego de la dictadura militar que había depuesto al gobierno peronista de Isabel Martínez de Perón. Aquel primer presidente de la democracia recuperada, no pudo concluir su mandato constitucional y se fue seis meses antes, en medio de la hiperinflación y los saqueos provocados por la crisis económica y social.

Para entonces, ya habíamos elegido al segundo presidente de la democracia recuperada. En 1989, con Carlos Saúl Menem había vuelto el peronismo al gobierno nacional.  Porque Menem fue un presidente peronista. Más específicamente, el primer presidente peronista después del mismísimo Perón. Después de la década menemista, con la reforma constitucional de 1994 al medio y la consiguiente posibilidad de la reelección presidencial, elegimos a otro radical. Esa vez en alianza con una fuerza política que incluía a los peronistas no menemistas, con Carlos “Chacho” Álvarez a la cabeza como Vicepresidente de la Nación. Porque en la Alianza también había peronistas y el más destacado de ellos se fue del gobierno antes que el presidente Fernando De la Rúa.

Después, tuvimos otros dos presidentes también peronistas. Primero Adolfo Rodríguez Saá, por apenas una semana, y luego Eduardo Duhalde, por poco más de un año. No fueron elegidos por el pueblo sino por el Congreso Nacional pero fueron presidentes constitucionales. Ninguno de ellos pudo concluir sus respectivos mandatos. De esa manera, Néstor Kirchner fue el segundo presidente peronista elegido por el pueblo. En realidad, él perdió en primera vuelta con Carlos Menen y gracias a la renuncia de éste a la segunda vuelta, se consagró Presidente de la Nación con un escaso 22 por ciento de los votos. Aquella segunda vuelta que no se dio en el año 2003, hubiera sido entre dos candidatos peronistas.

El neomacrismo properonista 

El 25 de octubre empieza a concluir el ciclo iniciado por Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003 y continuado por Cristina Fernández. Hasta el 10 de diciembre de este año, ella es y será la presidenta de los argentinos. La primera mujer elegida y reelegida para ejercer el poder ejecutivo nacional. Se irá del gobierno con una imagen positiva por encima del 50 por ciento, según diversas encuestas. Solamente su esposo había logrado esa meta al irse con una imagen positiva de casi el 70 por ciento. No es poco, sobre todo considerando cómo concluyeron sus predecesores. Alfonsín, De la Rúa, Rodríguez Saá y Duhalde ni siquiera concluyeron sus mandatos mientras que Menem se fue con una imagen negativa por encima del 60 por ciento.

A menos de una semana, el resultado electoral vuelve a depender del peronismo. Nadie duda sobre quién será el ganador de las elecciones presidenciales del domingo que viene. Daniel Scioli, el candidato del Frente para la Victoria y del Partido Justicialista, ganará como ganó las PASO en agosto. Solamente hay dos dudas. La primera, si ganará o no en primera vuelta. La segunda, si no ganase en primera vuelta, quién competiría con él en segunda vuelta. Si Daniel Scioli triunfa en primera vuelta, el domingo tendremos otro presidente peronista. Si no, tendremos una competencia con Mauricio Macri de la alianza Cambiemos o con Sergio Massa del frente UNA (Una Nueva Alternativa). 

La competencia entre Daniel Scioli y Sergio Massa en una hipotética segunda vuelta, sería un mano a mano entre dos peronistas. Porque Massa también es peronista, igual que su principal sostén político, el gobernador de la Provincia de Córdoba, José Manuel de la Sota. En ese marco, el Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es el único candidato en competencia (es decir, con chances) que no es peronista. Por ello, se ha ganado el voto de los muchos no peronistas y de todos (o casi todos) los antiperonistas que, por supuesto, también son antikirchneristas. Son estos votantes los más desconcertados por estas horas previas a la elección del domingo. 

De pronto, el líder del PRO ha dado tres saltos. Ha reconocido que hay cosas bien hechas durante el kirchnerismo y que deben continuarse. Desde la Asignación Universal por Hijo hasta el Fútbol para Todos, pasando por YPF, Aerolíneas Argentinas y ANSES. Además, ha tratado de ganarse la simpatía peronista. Un excéntrico ejemplo ha sido la inauguración de un monumento a Perón, apareado por Eduardo Duhalde y Hugo Moyano. Finalmente, la tentativa del “voto útil”. Votar a uno para que no gane otro es anti y no pro republicano, menosprecia a los votantes de otras propuestas y, sobre todo, desprecia a los votantes propios. ¿Serán suficientes estos saltos para convertirse en el tercer presidente no peronista desde 1983, después de Alfonsín y De la Rúa? 

Por J. Emilio Graglia

Acep News 2.1

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