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Anuario 2009

Bajo el t­tulo

"La inseguridad cerca a los Kirchner"

SOLEDAD GALLEGO-DíAZ - Buenos Aires - 20/12/2009

La ola de delitos violentos provoca una caí­da de popularidad del Gobierno argentino - La policí­a, acusada de complicidad en el aumento de la delincuencia

La inseguridad, el miedo a ser objeto de un robo, una agresión o un crimen, se ha convertido en la principal preocupación de los argentinos y en una amenaza muy seria al poder ejercido por los Kirchner. Entre el 65% y el 70% de los habitantes del Gran Buenos Aires y de las principales ciudades de Argentina asegura que ése es su principal problema hoy dí­a.

No se trata de una obsesión instalada en la clase media, tradicionalmente más sensible a ese temor, sino de una sensación muy extendida en los barrios más humildes y pobres del conurbano bonaerense, cuyos habitantes están siendo las primeras ví­ctimas de lo que se percibe como un aumento considerable de delitos violentos, segºn explica Santiago Rossi, director ejecutivo de Ipsos-Mora y Araujo.

La sensación de desamparo de los ciudadanos se incrementa por la desconfianza que provoca una parte de la policí­a de la provincia de Buenos Aires y por la propia policí­a federal, a la que se acusa de complicidad con la oleada de violencia.

La confusión llegó esta semana al lí­mite cuando el propio ministro de Seguridad de Buenos Aires, Carlos Stornelli, denunció ante el fiscal la existencia de un supuesto complot protagonizado por policí­as retirados y descontentos, que utilizan a menores para la comisión de homicidios, robos y atracos armados. La denuncia se produce en un momento de especial debilidad de Stornelli debido al llamado caso Pomar, una familia que murió en un accidente de coche a la vera de una carretera y que no fue encontrada en 24 dí­as de supuestos rastrillajes.

Sea como sea, lo cierto es que en sólo 60 dí­as, la prensa ha dado cuenta de 91 homicidios en la capital federal y el Gran Buenos Aires. El 20% de las ví­ctimas fueron asesinadas dentro de sus casas, y en un nºmero notable de casos (13 de las 91) recibieron un tiro en la cabeza o en el tórax simplemente para poder robarles el teléfono móvil. Un total de 15 personas fueron asesinadas por ladrones que les robaron en la ví­a pública. Las dudas sobre la complicidad de una parte de la policí­a no esconden el hecho de que, en lo que va de año, han muerto 21 agentes en acto de servicio, fundamentalmente en tiroteos callejeros, la cifra más alta en los ºltimos cinco años.

"A la hora de salir, por la mañana temprano, nos vamos juntando un grupo de mujeres para ir hasta la parada de tren y protegernos entre todas", relata Sara Cáceres, una paraguaya de 40 años, que trabaja como empleada del hogar y vive en una humilde barriada del extrarradio porteño. Sara, como sus amigas, intenta trabajar todaví­a más horas de las habituales para poder comprar una buena puerta de hierro y rejas para su modesta vivienda. A su hijo le robaron la pequeña moto en la que se desplazaba y todas sus vecinas tienen alguna experiencia similar que relatar. "Son bandas de muchachos jóvenes", protesta. "La inseguridad está en nuestros barrios, no en el de las casas en las que voy a trabajar", insiste.

"Necesitamos decisiones polí­ticas muy fuertes para combatir la inseguridad", aseguró esta misma semana el ex presidente Néstor Kirchner, que hasta ahora habí­a atribuido a las cadenas de televisión y a la prensa la responsabilidad por el clima de inquietud creciente que padecen los argentinos. La sensación de inseguridad se traduce directamente en una bajada de la popularidad de la presidenta Cristina Fernández, ya seriamente afectada por otros problemas polí­ticos. En los dos ºltimos meses, han empezado a proliferar en barrios humildes y de clase media baja manifestaciones de protesta, con cientos de personas que visten de luto y que exigen "mano dura" al Gobierno.

La polémica se ha centrado sobre todo en el tratamiento penal que tienen los delincuentes menores de edad. Aunque no se dispone de estadí­sticas fiables que permitan comparar la evolución del í­ndice de delincuencia juvenil, la percepción de la opinión pública es que ha experimentado un aumento considerable, debido especialmente a la extensión del paco, una droga altamente tóxica y muy barata, que arrasa en las villas más empobrecidas del conurbano. En al menos 8 de los 91 homicidios reflejados por la prensa en los dos ºltimos meses, ha quedado establecida la participación de menores de entre 13 y 17 años.

"Hay que replantearse la edad de imputabilidad de los menores", advirtió el presidente de la Cámara de Casación Penal de Buenos Aires, Federico Domí­nguez. La magistrada Carmen Argibay, miembro de la Corte Suprema, llamó la atención sobre la sospecha de que buena parte de esas bandas juveniles están manipuladas, organizadas y dirigidas por adultos. "¿Quién le pone un arma en la mano a un chico de 14 años?", se preguntó la magistrada.

La inexistencia de estadí­sticas comparables hace difí­cil saber cuánto hay de realidad en la creciente percepción de inseguridad y cuánto de simple idea retroalimentada por los propios medios de comunicación, especialmente televisivos. Buenos Aires sigue siendo una ciudad mucho más segura que la media de las capitales latinoamericanas, pero la ferocidad de los ºltimos asesinatos ha acabado por romper la imagen de una sociedad que se consideraba a sí­ misma distinta y que ahora teme que el aumento de los niveles de pobreza, desigualdad y fracaso escolar, termine por equipararla a las otras grandes urbes del continente.

Acep News 2.1

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